miércoles, mayo 15, 2013

La más dura de mis separaciones



La miré con frialdad. Con la frialdad necesaria como para olvidar lo más cálido de su compañía. Me separé y comencé a alejarme. Me despedí una vez más sin estar totalmente convencido de mi partida y sabiendo que ya había pasado por un momento así con ella, y probablemente volvería a vivirlo. Aun así, lloré. Con cada paso que me alejaba un puñal se me clavaba en lo más profundo de mi ser, y me desangraba lentamente; pero no podía ceder. “La vida continúa”, pensé. Los minutos pasaron. Minutos que parecieron horas. Me senté a pensar en ella, en nuestros momentos juntos, en las alegrías, en las penas. Ahí comprendí que todo puede pasar, pero el momento de la separación no se compara con nada. Sobre todo un día como hoy. Un día frío.
Mientras revolvía mi taza de café dejé caer una lágrima. Lo nuestro fue tan lindo que no quiero dejarte, cama.

lunes, septiembre 10, 2012

Vamo che, pongamonón la pilaaaa

¿Somos los dueños de lo que pensamos? Tiro la pregunta y no me animo a responder. ¿Realmente creemos en lo que decimos? ¿Qué significa creer? ¿Estamos en condiciones de afirmar con seguridad cada cosa que defendemos? 10 de septiembre del año 2012. Época hermosa si las hay. Tiempo de cambios, de profundizaciones y de derrumbe de mitos que nos condenaban al fracaso. Las estrategias políticas de control, que conjuntamente con el aparato económico-mediático nos sometían, perdieron peso o simplemente cambiaron de forma. ¿Y si sólo cambiaron de forma? ¿Y si con mi defensa a una nueva ley de medios estoy creando otro monstruo? Un montón de veces me lo planteo, y replanteo. Me gustaría sentarme a escuchar a alguien que me explique lo equivocado que estoy. Alguien que tenga los elementos suficientes para crearme los grises que no estoy viendo. Pero fundamentalmente que sus argumentos no sean “ya vas a ver dentro de unos años”, o el color de los nuevos zapatos de la presidenta. Personalmente, considero a la Nueva Ley de Medios como un paso fundamental para la democracia de nuestro país. Para cualquier momento histórico; el actual y todos los que vengan de acá en adelante. Dejar la información en manos de pocos, que encima comparten negocios, no fue una movida inteligente para el pueblo argentino. La movida se ve clara cuando se entiende que grupos económicos, grupos dirigentes políticos y grupos mediáticos comparten el destino del país. Cuando eso pasa, sobran las estrategias para mantener calmadas las fieras. Y aunque algunas fieras no se calmen, el resto no se entera, pues si no sale en los diarios no existe. Vuelvo a mis miedos. Y pienso en mi realidad inmediata. Lo real que no me cuenta el noticiero, ni la señora del kiosco que se entera por la AM que suena todo el día. Y en esa realidad veo gente nerviosa. Gente con actitudes feas. No me animo a decir “mala gente”, porque no creo que así sea. Lo podría pensar de cualquier desconocido que le desea la muerte a otro. Pero ellos no son desconocidos. Por eso me confundo. ¿Son dueños de ese deseo, o están deseando algo ajeno? ¿Realmente lo están deseando? ¿Se dan cuenta lo que están deseando? Por eso me asusto. E intento alejarme de ese tipo de actitudes. Y no pienso ni en el modelo, ni en el opositor, ni en el presidente, ni en los medios… pienso en la gente. En esos que desean muerte, pero también comparten una cena familiar. Los que desean desaparición de inocentes, pero te venden chicles en su kiosco. Los que ansían un golpe de Estado pero disfrutan de una reunión con amigos, aun cuando sabe que la política siempre es un tema recurrente. No lo entiendo. Insisto… ¿Saben qué cosas están deseando? Pensaba un segundo en cómo aclarar mis dudas, en cómo vencer ciertas barreras. Creo que muchos estamos repitiendo palabras que no son nuestras. Que adoptamos una práctica que funciona para los medios, pero que no debería usarla una persona común. Y menos cuando trata con un par. Como sociedad, deberíamos solidarizarnos para que la situación política económica no afecte nuestras relaciones humanas. Todo ese enfrentamiento es sumamente inútil ante nuestras necesidades, pero totalmente favorable a la división que los poderes necesitan para seguir sacándonos provecho. ¿Qué pasa que no nos damos cuenta de eso? O, al menos, actuamos como si no lo notáramos. Esta pequeña reflexión me surgió hace unos días, cuando alguien me envió por correo electrónico una lista de motivos para convocar a una manifestación a nivel nacional en reclamo al gobierno nacional. Soy un convencido que, así como un gobierno es elegido mediante un proceso democrático, debe responder y escuchar cada reclamo de su pueblo. No estoy en contra de eso. Pero repasé esa lista unas cuantas veces. Leí cosas que son falsas. Otras se contradicen entre sí. Algunas atentan contra los intereses de la gente y favorecen a quienes le hacen daño al pueblo. Y mientras leía, me venían a la cabeza los deseos de muerte de los que hablaba más arriba. Y mi sensación de que mucho de eso no es más que deseos ajenos en la boca de las víctimas. No quise dejarme llevar por cierta bronca, sino más bien preocuparme y tratar de encontrar una solución a esta situación que no nos va a llevar a otro lugar que al fracaso. Y ojo; mi bronca no es contra la gente, sino contra quienes nos usan para su beneficio. ¿Y si charláramos? ¿Y si alguien de los que transmitió esa lista comparte una mesa conmigo y me explica? ¿Y si yo realmente estoy equivocado? ¿Cómo hacer para descubrir el error cuando mis debates siempre son con quienes comparto posiciones? Estaría bueno que surja, que lo podamos hacer; que, sin sacarnos las caretas, nos hagamos responsables de la que cada uno tiene, pero frente a frente. Para acortar distancias y para darnos cuenta de que somos lo mismo, y que nunca vamos a conseguir nada individual si antes no lo volvemos colectivo. Para además derrumbar dos mitos; el que dice que si estás de un lado, no podés estar ni un poquito así del otro. Que si no estás de acuerdo con el gobierno apoyás la dictadura o que apoyás las decisiones presidenciales también lo hacés con la megaminería. Y el segundo; ese que nos plantea como personas que no vamos a admitir que estamos equivocados cuando sepamos que es así. Yo estoy seguro que, sacando los deseos ajenos, queremos exactamente lo mismo.

domingo, junio 10, 2012

La última discusión

Noche 1. Se despertó sobresaltada, con la respiración agitada. Eran las dos de la madrugada y un sueño la había hecho despertar. No lo recordaba. Sólo sabía que no se trataba de nada feliz. Intentó cerrar los ojos a medida de que sus palpitaciones retomaban un ritmo normal, pero no pudo. Sabía que algo malo pasaría; esto ya le había pasado tiempo atrás. Un sueño que devino en una experiencia que se negó a recordar en detalle. Encendió la luz y caminó a la cocina. En el silencio de la noche se sirvió un vaso de agua, mientras intentaba recordar. Ahí tuvo el primer flash. Se visualizó con las manos y pies atados a su cama. Con una media en la boca que le impedía gritar. Desesperación. Frunció el ceño, intentando relacionar la imagen con algo. Pensó en violencia, en cine, en imágenes fuertes que justificaran la pesadilla. Forzó sus recuerdos y trajo una discusión. Una fuerte discusión con él. Pensó en el dolor. En lo que le costaba cada grito, cada paso atrás frente a la amenaza que devenía cuando eso pasaba. Caminó hacia la habitación y lo vio dormir. Se limpió una lágrima que intentaba correr por la mejilla. Se metió en la cama y se durmió. Noche 2. Él se despertó y la vio. Ella estaba sentada al oscuro, despierta, sobre la almohada, abrazando un almohadón. Con la mirada perdida y la mente en algo poco feliz. Con expresión de preocupación. Le preguntó qué le pasaba. Ella contestó que nada, mientras recordaba con claridad lo que parecía ser un sueño recurrente. Atada a la cama, sin poder gritar. Él se acercaba con una navaja y la cortaba desde el cuello a la cintura, mientras sonreía. La sangre comenzaba a brotar de la herida. Allí se debilitaba y dejaba de retorcerse. Él le quitaba la media, que usaba para secarle la transpiración de su frente. Ella lo miraba, con los ojos desencajados e inyectados en sangre. “¿Por qué?” preguntaba ella. “Porque te amo”, le respondía. Con sus últimas energías ella alcanzaba a decir “yo también te amo”. “Dormite, ¿querés?, que mañana tengo que trabajar”, indicó él, sin interés en saber qué le pasaba. Ella se acomodó en la cama y se durmió, pensando en los detalles. Llorando por el dolor que sentía, que no podía compartir con él. Noche 3. Un ruido la despierta en medio de la noche. Alguien camina por la casa. Busca con el brazo y él no está a su lado. Enciende la luz y encuentra cuerdas sobre la alfombra. Lo llama, pero él no contesta. Grita su nombre, algo desesperada. Busca con la vista, con miedo. No se anima a levantarse. Una navaja descansa sobre la mesa de luz. Se desespera y grita. El grito la despierta, sobresaltada. Estaba siendo presa de una pesadilla real. Un sueño dentro de un sueño. Busca con su brazo. Él no está. Enciende la luz y lo ve. Él la mira, sentado en una silla, mientras fuma. “¿Qué te pasa?”. “¿Qué te pasa a vos”, le contesta. Sale rápidamente de la cama y va a la cocina por un vaso de agua. Piensa estar enloqueciendo. Llora. Vuelve, decidida a hablar con él sobre lo que está pasando. Lo encuentra dormido. Se acuesta a su lado y se duerme. Noche 4. Él se queda escribiendo unas notas en el comedor. Ella se va a dormir sola. Todas las imágenes de sus pesadillas de las últimas noches se hacen presentes en su cabeza. Cada una acelera aún más los latidos de su corazón. Trata de dormirse, pero la idea de tener otro sueño le aterra. En un momento el sueño se confunde con la realidad. Lo ve volviendo a la cama con un cuchillo. Abre los ojos y se da cuenta que eso no fue real, ¿o sí? Se levanta, camina a la cocina. Esconde una cuchilla en su camisón y vuelve a la habitación. La esconde debajo de su almohada. Posa su cabeza y respira hondo. Algo la despierta, y presa de la desesperación descarga fuertes puñaladas en todas direcciones. Enciende la luz y él no está. Su lado de la cama está manchado con sangre. Se desespera, grita, lo llama. Llora. Llora desesperada. Se despierta. Está sentada en la silla, frente a su cama. Él está muerto, boca abajo, con varias puñaladas en su espalda, de su lado de la cama. Ella está quieta, al oscuro, con la mirada perdida y la cuchilla en su mano derecha. Esa tarde habían discutido. Esa tarde habían tenido su última discusión.

jueves, octubre 27, 2011

Regando una semilla, haciendo florecer más flores

Hace un año censaba departamentos en Nueva Córdoba. En realidad, peleaba para que se dignaran a contestarme esos que la noche anterior habían salido. Por suerte, otros colaboraban y derrumbaban los mitos mediáticos que impulsaban la idea de la baja participación de la ciudadanía al Censo. Yo estaba firme en cada puerta, insistiendo; entendiendo muy bien la utilidad del censo; contradiciendo una vez más al pronóstico destructivo que siempre indica que las cosas son para mal, porque me gusta demostrar que si algo genera aunque sea un mínimo avance, ya valió la pena. Me sentía importante, grande; un pequeño engranaje en la gran máquina que mueve un país. Porque practicaba esa actitud desde hacía un tiempo. Desde el mismo día en que la realidad me empezó a mostrar cosas en que creer, metas que alcanzar…
En medio de una linda mañana, un mensaje de texto me aflojaría las piernas; una frase simple; una combinación de pocas letras que iba a releer varias veces; un mensaje claro, pero confuso: “Murió Néstor”.
La muerte de Néstor no significaba una simple desaparición física; la muerte de Néstor era la pérdida de un líder. Era dejarnos sin la palabra justa en el momento difícil. Era perder el tono tranquilizador cuando la calentura te lleva a confundir los caminos. Era privarnos de un mensaje de amor para enfrentar al odio sectorial y mezquino que siempre nos dictó lo que debimos hacer y luego sufrir. Era el peligrar de la seguridad que ella mantenía cuando tomaba una decisión, porque perdía a la persona en donde depositaba su confianza pura y su pasión. Era el quedarnos sin el modelo de coherencia humana, tan importante para muchos de nosotros, porque gracias a ello volvimos a creer.
La mañana se puso gris, incluso mientras el sol brillaba en lo alto. Puse mis mejores fuerzas en terminar mi tarea, aunque por momentos temí ser vencido por el desgano. Pero tuve presente algunas de sus enseñanzas; el saber que en los momentos más difíciles no hay que perder los objetivos; que los estados de ánimo no deben torcer los caminos; y que su pérdida no debía desencadenar en otras pérdidas.
Terminé tarde, cansado, pero movilizado por todo eso que se movía dentro mío. Me fui derecho a la plaza, sin convocatoria, sin avisos. Porque su muerte significaba una pérdida del pueblo, y porque ese pueblo ya practicaba algunos ejercicios de construcción colectiva y social. La plaza de la Intendencia siempre fue un lugar de encuentro para los que creemos en sus ideas, los que las aceptamos como la única posibilidad para alcanzar el país que soñamos donde entre todos decidimos de que forma elegimos vivir. Fundamentalmente pensando con sentido social, lejos de las individualidades que por mucho tiempo algunos nos pintaron como “las nuevas prácticas”, pero que sólo sirvieron para dividirnos y así olvidarnos de participar en la construcción de una Nación. La plaza estaba llena de personas como yo; tristes por la gran pérdida, temerosos por saber si ella iba a ser lo suficientemente fuerte sin él. Ese día y los que siguieron fueron de gran dolor, pero a la vez muy importantes para lo que siguió. Los medios opositores se vieron cercados por una realidad que no pudieron tapar con sus burdas mentiras, y por la posibilidad de vender el movimiento social más grande de los últimos cincuenta años. El país se vio mirándose a sí mismo como esa Plaza de la Intendencia del día de su muerte. Plagado de personas que creímos y que seguimos creyendo. Contrastando con el mensaje mediático masivo que hasta ese momento llenaba titulares intentando decir que poca gente apoyaba el modelo. Ese mismo apoyo que llenó de fuerzas a Cristina para que no cayera, en uno de los momentos más dolorosos de su vida.
La pérdida fue enorme, pero Néstor cuando se fue ya había sembrado en muchos de nosotros esa semilla que crece día a día, y que sigue invitando a sumarse a todos a marchar por el camino que el país transita desde el año 2003. Las pasadas elecciones así lo reflejan, y se huele día a día con actitudes que nos hacen grandes. Grandeza en cuanto a personas que persiguen lo mejor para todos. Gracias Néstor por esto que generaste; me comprometo a profundizarlo día a día y a llevarlo por cada lugar donde yo vaya.

lunes, septiembre 19, 2011

La Política por todas partes

Así como lo dice el título; "por todas partes". Y me parece bueno. Disfruto que en una charla de amigos surjan debates, con diferencias, con opiniones... pero qué es un debate si no eso: lejos de pensar que alguien puede perder un amigo cuando el debate sube de tono, pienso todo lo contrario; me alegra que el amigo sea honesto y diga lo que piensa. Prefiero mil veces eso a que delante mío diga una cosa y por detrás diga otra. Ese sería el punto donde no me sentiría respetado, y las faltas de respeto si pueden hacer peligrar una amistad, y no sólo cuando de política se trata, claro. Hace unos años venimos viendo un ánimo distinto con respecto a la política. Esa palabra tan temida por algunos va tomando el centro de todo como lo que realmente es; no se trata de "política" solo cuando son cuestiones partidarias, sino que hacemos política con cada decisión que tomamos en nuestra vida. Y la crítica no es mala, no. Debe servir para mirarse para adentro; tarea que nuestra sociedad practica bastante poco pero que va a poder lograr. Solamente es necesario que algunos "hagan la punta". ¿A dónde iba con todo esto? Ah, si... Yo soy uno de los que se están enamorando de pensar a la política con un planteo personal muy importante. Creo que cada cosa que uno hace depende de "su posición", y es lo que nos vuelve mejores o peores. Claro, siempre hablando fuera de términos partidarios. A una persona como yo, que participa de grupos de debate y contrucción política, que nos pasen cosas como lo que me pasó hoy, es una manera de sacarnos una sonrisa. El suceso tuvo lugar en un baño público. El baño es ese sitio donde uno piensa, se relaja. Pero el baño público suele agregarle ese "toque" artístico donde algunos anotan ofertas sexuales, o escriben poesía, o algún insulto a alguien que no aprecian demasiado. Voy a pasar directamente a las imágenes, porque si algo está pasando en el país, los baños públicos no están exentos de ello. Abro la puerta y encuentro lo siguiente:
Me acerco, para leer el primer texto; la primera impresión:
"q´no nos engañen!!! Caso Schoklender - Hebe Bonafidi. Asi son los zurdos "defensores" de los derechos humanos, jugando con la necesidad de la gente y robando la plata del paia. Traidores de la patria. Y la justicia social? Los derechos de los trabajadores? La equidad? la igualdad? la libertad? ese cambio proponen? esa revolucion?... Asi es la izquierda!!!" Solté una carcajada, porque me pareció un golpe de inspiración en un momento de fuerza mayor... pero algo más había ahí... ¿una respuesta?...
"Y si elegis la derecha terminás como Grecia y España: Ajuste, flexibilización laboral, despidos. Toda medidas para que las crisis las paguen los trabajadores. Con la derecha de Menem y la Dictadura terminamos con la crisis del 2.001 y con el pais en manos extranjeras. Las AFJP manejaban tu dinero. ¿Quienes son los vende patria? Contesta bien. No borres este mensaje. Porque así es la derecha..." Saqué las fotos y me fui, contento. Ahora voy a tener que pasar la semana que viene, porque me interesa saber como sigue este debate "desde el trono".