miércoles, julio 30, 2008

Bolillero-Bolsita, Universidad Pública

Taca taca taca, me hacían las rodillas… Los ojos rojos de dormir poco, contracturas en media espalda, y empezando un leve dolor de garganta. Terrible espera, ahí, en la galería del edificio más nuevo que tiene la Escuelita. Ahí donde todos fuman, inclusive los que no lo hacemos voluntariamente. Del otro lado del vidrio, los profes intentando saber qué es lo que sus alumnos no saben. Personas con cara de miedo, hablando sin parar. Claro que no más miedo que el mío, que no solo expresaba mi cara, sino también mi cabeza cuando intentaba recordar los contenidos y no había forma… “El que no sepa alguna de las 6 bolillas ni intente rendir” había dicho ese señor… Ese señor profesor que en un rato y por causas del destino, me iba a someter al cuestionario. Y del otro lado del vidrio miraba como los alumnos intentan demostrar al preofesor que estudiaron. Y yo con una idea en la cabeza que empujaba a un profundo abismo todo lo que días antes me había costado memorizar; “Y si me voy?” Todavía estaba a tiempo de irme, aunque el acta estaba firmada y el aplazo estaba latente. Pero yéndome, evitaba esa situación sumamente traumática de enfrentarme con un docente, y hablar de todo eso que ayer sabía pero ahora no me acuerdo. “Cobarde!”, le dije a mi cabeza. “Porque te crees que solucionás esto si te vas, pero mas tarde lo vas a tener que hacer…”. Y esperando, me quedé. Para colmo, estaba solo. Y los cuarenta y cinco minutos que tuve que esperar, fueron eternos. Así que entre la duda de irme o quedarme, me llamaron. Formamos una fila dentro del aula para sacar las bolillas. Por un momento se me cruzó por la cabeza el salir corriendo, pero lo que estaba dejando una marca en mi psiquis, lo iba a hacer también en mi reputación ante el alumnado. “Mirá como arrugó el grandote”, se iba a escuchar en el recinto. Así que decidí no agravar más el cuadro, y esperar. Metí la mano en el bolillero (universidad pública, bolsita de papel) y extraje dos pequeñas bolitas. Uno y cinco, que afortunadamente ninguna era la seis. “No es tan grave”, pensé, y me fui a desarrollar en una hoja una de las unidades. El profesor lo había explicado antes de la firma de actas: “Se sacan dos bolillas: a una la desarrollan y la explican toda; después el profesor le hace preguntas de la otra, o también de la misma que desarrollaron. Y si escucho un celular, se va a su casa con un 2!”.

Me senté a desarrollar la bolilla Nº 5. Comencé enérgico, con conceptos claros. Y en un momento mi cabeza dijo “basta”. No me acordaba como seguía. Los nervios me empezaron a jugar en contra. “Tranquilo”, pensé. Decidí desarrollar la otra bolilla disponible. Apurado, porque ya tenía menos tiempo, me desplegué sobre la hoja. Ni bien hice las últimas anotaciones, escuché que el profesor me estaba llamando. Me acerqué, me senté, y empecé con la exposición. Hablé de la unidad, de los contenidos, epliqué lo que sabía, pero no sé con que sentido porque el profesor no me prestaba mucha atención. “Eso es todo”, le dije, a lo que contestó con un “pero con eso no llegamos al cuatro…”, que quise tomar como broma para no alarmarme. “Bueno, ahora decime que era lo que decía Bourdieu de…” Y ahí empezó la laguna… “No me acuerdo de eso”. “entonces, y por el cuatro, decime que analizaba Foucault de …” cri cri, cri cri… “No me acuerdo… Vé esto?” (mostrando la otra hoja) “Empecé desarrollando la otra bolilla y cuando llegué ahí me di cuenta que no me acordaba” “NO ME ACUERDO!”. Me miró fijo el profe… Esperé que me tirara la libreta por la cabeza y hasta que me insultara… “Pero me hubieras dicho que tenias desarrollada la otra bolilla en otra hoja… a ver?”. Leyó un poco, me miró, y me dijo las palabras mágicas: “Andá nomás, me cansaste...!”, y dibujó un prolijo 6 en mi libreta.

Volví a respirar, me paré, y me fui.


Gracias, totales!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo no me hubiera presentado, y no la hubiese sacado, si no fuera porque "Estelita", la no docente, me empujó adentro del aula al grito de: "No seas maricón y entrá"; y antes de que se cerrara la puerta concluyó la escena con un "¡Cagón!".
El que más terror dá es el petiso bigotón. Lo peor es que te toque la unidad 6 y encima te la tome él.

Felicidades mi amigo!!!