miércoles, octubre 18, 2017

Flexiones y Reflexiones

Para que triunfe el periodismo mercantil, para que obtenga la retribución económica, no hace falta verdad, ni difusión del conocimiento, ni investigación responsable: primero hace falta instalar un discurso carente de sustento, de seriedad; tirarlo y dejar que actúe el segundo factor fundamental para el negocio, el consumidor. Cada vez que nos enfrentamos entre pares, cada uno en defensa de su discurso armardo, traccionamos el negocio de la información; hacemos que cambie la cotización de un discurso. Eso ¿nos sirve?

El error no está en tomar como propio aquel discurso que más llena nuestro análisis. El error está en pretender que el nuestro sea el único y no escuchar los otros. Tratar de entender la verdad del otro es un paso fundamental para enriquecer la propia.

Nos formaron para entender que verdad hay una sola, y eso también es un error. La visión personal determina nuestra verdad. Una mesa puede servirme para apoyar un plato de comida, pero si estoy abajo puede servirme como protección frente a la lluvia. Si me quedo en que una mesa no está para protegerme de la lluvia es porque seguramente tengo a donde meterme cuando llueve.

El ejercicio implica escuchar, conocer, comprometernos. Eso no quiere decir abandonar nuestros ideales sino reforzarlos. Abrirnos. Y en ese ejercicio no hay lugar para lo mercantil. Esa actividad es entre personas, sin prejuicios, sin intermediarios, sin relatores. Es en la calle, cara a cara. Nadie te puede contar lo que te van a contestar; andá y escuchalo. Te vas a sorprender.

Reaccionar frente a un individuo por la acción de un colectivo, a esta altura, deberías saber que es otro error. Siempre escuchá al otro y que el otro sepa que no estás de acuerdo y por qué no lo estás. Enriquecé tu mirada y la del otro. Sólo así se construye el sentido común. Nadie con intereses comerciales va a crear uno de manera legítima.

Pensalo.
 

Te escucho.

jueves, julio 13, 2017

Siempre es Hoy - Tributo a Gustavo Cerati

El 22 de noviembre del año 2014 la Televisión Pública puso al aire un programa especial donde varios artistas rindieron un homenaje al gran músico que fue Gustavo Cerati. Así se promocionaba desde la página de la TV Pública:



La Televisión Pública brinda tributo al destacado cantautor y compositor Gustavo Cerati, con un concierto homenaje en el Estudio mayor del Canal en el que participaron grandes artistas como Charly García, Fito Páez y Ricardo Mollo.

Organizado por el Ministerio de Cultura, la Televisión Pública y Radio Nacional Rock, el recital contó también con la participación de Benito Cerati, Leo García, Richard Coleman, Lisandro Aristimuño, Fernando Nalé, Leandro Fresco, Gonzalo Córdoba, Julio Moura, Guillermo Beresñak y las bandas Catupecu Machu, Massacre, Eruca Sativa, Cuentos Borgeanos y Rayos Láser, y la dirección musical de Tweety González.

Gustavo Cerati fue uno de los artistas más importantes del rock argentino y lideró Soda Stereo, la banda de rock y pop integrada junto a Charly Alberti y Zeta Bossio entre 1982 y 1997, y que resultó una de las más influyentes y populares del rock iberoamericano. Su carrera solista, iniciada a comienzos de los ‘90 y que contempla cinco álbumes de estudio “Amor amarillo” (1993), “Bocanada” (1999), “Siempre es hoy” (2002), “Ahí vamos” (2006) y “Fuerza natural” (2009), lo ubicó entre uno de los músicos de rock más prestigiosos del país.


No pude verlo el día que se emitió y varias veces lo busqué en la web para meterlo en el celu y llevarlo conmigo para disfrutarlo mientras camino por ahí, como suele ser la forma más común en que escucho música. 
No tuve suerte con la búsqueda así que entre youtube y google armé la lista. La armé como, al menos, me gusta escuchar estos espectáculos a mí; tal cual como se emitió: con las presentaciones, las intros y cierres. La lista quedó de 32 tracks entre los cuales, en los que comienzan llamándose "presentación" no corresponden a música sino a todo lo otro que hace a la bienvenida al artista o, por ejemplo, a una entrevista que también estuvo incluida en el programa. Para los que prefieran sólo la música, excluyan a los "presentación" y disfruten. 

Espero que le sirva a alguien más.

Les dejo los links de descarga.


Mediafire

MEGA

Saludos a todos, disfruten de la creación de este tremendo artista que fue Gustavo Cerati y de los otros que le pusieron toda su admiración a este show homenaje.

Abrazo, y recuerden:


Macri Gato

martes, marzo 25, 2014

Más vale matamoscas en mano que Miyagui transpirando



La China es magnífica porque los chinos son magníficos. Solía pasarme buena parte de mi tiempo mirando las páginas de venta chinas, porque me sorprendía la cantidad de problemas que esta buena gente supo solucionar a partir de la tecnología y la ciencia; para lo que se te ocurra, los chinos ya habían inventado algo que al parecer funcionaba. Y claro; son como muchos. Y en un grupo tan grande de gente seguramente se presentan un número grande de problemas. Yo siempre admiré su capacidad de resolución, aunque nunca consumí nada de ellos. No por prejuicios ni nada por el estilo, sino que me asustaba eso de tener que meter datos personales y de la tarjeta de crédito - que por cierto, no tenía - e información que pretendía mantener “confidencial”.  Y después de eso, esperar que tu compra dé media vuelta al mundo pasando por varias aduanas de las que ni siquiera podía pronunciar su nombre. Pero el verano este año llegó temprano, y con el calor aparecieron las moscas. Que bicho molesto la mosca a la hora de dormir… no sólo por el ruido, sino que te caminan, te hacen cosquillas, con las mismas patitas con las que frecuentan la basura y vaya a saber que otro desperdicio asqueroso. Primero creí que como todo lo que llega, en algún momento se va, pero con el paso de los días sólo incrementaron su número. Ni el raid, ni las pastillas, ni los espirales, ni las demás recetas caseras para ahuyentarlas dio resultado; si hasta colgué una bolsita con agua con sal con algunos agujeritos: nada. Y fue en una noche de desesperación que recordé el tiempo derrochado mirando sitios chinos. Abrí mi navegador y escribí ansioso en google: “mata moscas chino”. Y apareció una lista de 3 millones de resultados, como suele suceder. Entonces inicié una búsqueda avanzada, donde filtré “porno, xxx, tetas, culos” y demás terminología relacionada a lo sexual. Así, los resultados se redujeron a doce. Los 4 primeros vendían matamoscas tradicionales, como paletitas plásticas de las más diversas formas. Otro par de resultados eran de paletitas un poco más novedosas, con electricidad, que literalmente fulmina al insecto. Pero yo necesitaba algo que funcionase automáticamente mientras dormía. Ya casi perdiendo el entusiasmo, bien abajo, divisé una tira larga de simbolitos chinos, y en medio se podía leer “miyagui san”, en letras de nuestro alfabeto. Le hice click, sólo por curiosidad. La navegación me llevó a un sitio de ventas que describía algo que no entendí bien qué era. Un texto algo extenso decorado con una foto del entrañable personaje de Karate Kid interpretado por Pat Morita: el querido Miyagui San. Copié todo el largo texto y lo pegué en google translate, para ponerme un poco de luz a esto que ya me intrigaba demasiado. El traductor me tiró frases confusas que hablaban de clones y genética. Lo único que pude entender era la frase que cerraba el artículo que indicaba: “Tené tu Miyagui matamoscas por U$S 9,99”. Asombrado, volví a la página y encontré que tenía versión en castellano. Mi asombro aumentó cuando finalmente se confirmaron mis sospechas: Los chinos, antes de que Pat Morita muriera, lo clonaron. Y ahora están vendiendo sus clones como matamoscas, junto con una docena de palitos chinos. Así que manguié una tarjeta y dejé atrás todos mis miedos acerca de las compras web a china, sólo para tener mi Miyagui. Terminé gastando como 45 dólares con envío y todo, pero después de unos 20 días recibí una caja de unos medio metro por medio metro. Casi me caigo de culo cuando la abrí y estaba una copia exacta de Miyagui San sentado adentro, en posición de relajamiento, junto con dos bolsitas: la primera, con la docena de palitos chinos. La segunda era un paquete de arroz de 2 kilos. Una nota acompañaba todo el paquete. Estaba en chino y en inglés, de lo que pude entender que decía: “¡Felicidades! Usted ya tiene su Miyagui San Matamoscas! El paquete incluye 12 palitos chinos y alimento suficiente para 6 meses. Colóquese en un lugar ventilado para evitar olores desagradables, hombre mayor de transpiración fuerte”. Así que me puse ansioso por ver cómo funcionaba. Fui a la habitación, bajé el televisor al piso, y lo senté a Miyagui encima de la mesita. Quería preparar todo antes de que llegara mi esposa porque era una sorpresa. Horas después ella llegó, muy cansada del trabajo. Dijo apenas un hola, y pasó derecho al baño a darse una ducha. Yo no dije nada, y esperé para ver su reacción. Apenas terminó de bañarse y fue para la pieza, escuché el primer grito. Corrí hacia la habitación y con una gran sonrisa le pregunté: “te gusta??”. “¿Qué hace ese chino en mi pieza?”, preguntó ella, a lo que me senté y le expliqué lo maravilloso de mi compra. No quedó muy convencida, pero por lo general hace eso cuando ve que algo me entusiasma. En fin, esa noche ella se acostó vestida y yo me recosté a su lado, esperando ver los resultados de mi nuevo juguete. Ni bien apagamos las luces, las moscas empezaron a revolotear. Y casi instantáneamente empezamos a escuchar el “tac, tac, tac” de los palitos chinos haciendo estragos. Esa noche las moscas no nos caminaron encima. El placer de no sufrir más con los molestos insectos podría haber sido descomunal, si no fuera porque se fue volviendo cada vez más molesto el “tac tac”, que el viejo sensei no paraba de hacer. Con el paso del tiempo el ruido se volvió insoportable. Y si a eso le sumamos que los calores en Córdoba se pusieron intensos y la posición en la que Morita venía no permitía cambiarle la camisa cuadriculada de nylon que traía puesta. La advertencia del manual de uso era verdadera; tremendo olor a chivo cargaba el viejo Miyagui. Eso atraía más moscas y hacía más insoportable el ruido. Al mes de tenerlo ya queríamos regalarlo, pero ¿a quién? Con dificultad lo aguantamos un tiempo en el patio, aunque no era vida para un genio como Miyagui, por más que fuera un clon. Así que casi llegando el otoño lo acomodé en una canasta con unos cuantos paquetes de arroz, y una noche lo dejé en la puerta de un hogar de ancianos, donde lo recibieron y lo atienden como a uno más. A veces paso despacito en el auto y miro para adentro. Desde la calle se alcanza a ver el patio, donde sentadito descansa el clon de Miyagui. La vida en el hogar ya era tranquila, pero desde que él está ahí de algo puedo estar seguro: no vuela ni una mosca.

martes, octubre 08, 2013

Cosa de machos



Permanecíamos sentados, uno junto al otro. Ansiosos como fumador de viaje en colectivo a Brasil, que está rogando que se pinche una goma. Fruncíamos el ceño, mirábamos el piso. Yo advertía que él me miraba de reojo, pero cuando lo buscaba con mi mirada, cambiaba de posición; perdía su vista en el tubo fluorescente que parpadeaba suave, como cuando están medio agotados. El silencio de la sala se rompía cada tanto por el tenebroso instrumento de torturas, que sonaba para que yo transpirara. Me aterraba el saber que estábamos sentados esperando para sufrir, que la espera era sufrir, que ese silencio era sufrir. Quería romperlo, para calmar mis ansias. Busqué con la vista a mi compañero de habitación y tomé la iniciativa para la charla: “Vos, por qué estás acá?”, le dije. Me miró como con vergüenza. Agachó la cabeza y en voz bajita contestó: “lo mío es una huevada…”. Luego advirtió que no había contestado a mi pregunta, tomó coraje, se sentó derecho, me miró y agregó: “se me quebró la muela porque quise enderezar un alambre con la boca”. Imaginé el dolor del momento y lo sentí en carne propia. En la sala del lado comenzó a sonar nuevamente el torno. Me sentí mareado, con náuseas. Comprendí que había sido mala idea hablar con la gente en la sala de espera. “¿Y vos?”, preguntó él. Yo volvía del mareo. “¿Por qué estás vos acá?”, insistió elevando la voz. Lo miré con lo ojos llenos de lágrimas, sin ganas de contar mi adicción a los caramelitos media hora y la dura batalla que llevo contra las caries. “Yo vengo porque… soy amigo del dentista! ¡Y vengo a visitarlo! ¡Pero me acordé que tengo algo que hacer!”, contesté rápido, mientras me levantaba del asiento de la tenebrosa sala de espera y no volvía jamás. Porque el dentista es cosa seria, pero la sala de espera en el dentista es la misma muerte. Ahora soy feliz, disfrutando de los caramelitos media hora, y vivo refugiado en los calmantes y mi fiel amigo “Muelita”.

miércoles, septiembre 11, 2013

Dejanos ser, dejate de joder...

Sábado a la tarde. Calor. En una esquina céntrica los pibes hacen malabares ante las distintas miradas desde los autos. Miedo, alegría, indiferencia. Igual le ponen toda la onda, como si estuvieran actuando para sus propios hijos. Revolean afilados cuchillos, coordinan una docena de pelotas por el aire. Las monedas son pocas, pero ya están listos para el próximo rojo; ponen la mejor sonrisa a la vida que desde afuera pareciera no haberles puesto la misma cara. No les importa; malabaristas y amigos se las rebuscan en la esquina, sin molestar a nadie y alegrando a muchos.
De pronto dos patrulleros se detienen frente a ellos. Los conductores bajan, aun sabiendo que eligieron una zona transitada para detenerse y están entorpeciendo a los demás conductores y peatones, porque la senda peatonal también fue obstruida. De lejos se puede ver un movimiento molesto, un entorpecimiento de la alegría que reinaba antes de que ellos llegaran. Se borran las sonrisas y dejan de volar las pelotas. Los controlan, como si contagiar alegría fuera un delito. Uno de ellos no tiene su documento, motivo suficiente para subirlo al patrullero. Los oficiales se van, dejando un panorama completamente distinto al que encontraron. “El pibe no es de Córdoba y su mamá trabaja en un lugar donde no tiene señal su teléfono. Recién a las nueve de la noche, cuando llegue a su casa, se va a enterar que lo tiene que ir a buscar a la comisaría”. Sus amigos se preocupan, porque eso podría haberle pasado a cualquiera de ellos. Se sientan en la vereda, hablan. Intentan contactar a su mamá, pero saben que no va a ser posible.
Sobre la otra vereda está la plaza. La plaza que se llena de jóvenes los fines de semana cuando el clima acompaña. Sentados en ronda están compartiendo una cerveza tres amigos. Están tomando alcohol en la vía pública, mientras discuten la salida de la noche para festejar no se que cosa, porque se quedaron “a estudiar” y no volvieron al pueblo. Los patrulleros estuvieron a apenas 30 metros de ellos, pero no se enteraron de lo que pasó. Su mundo da vueltas en torno a sus planes nocturnos, en cual de los tres departamentos se haría la previa, y a cual boliche entrarían después. No hablan de estudios, aunque ese sea el motivo por el que les pagan un alquiler en Nueva Córdoba. Dos oficiales se acercan y los interrumpen. Ellos levantan la vista. “Señores, no pueden tomar alcohol en la vía pública”. Continúan mirando, sin emitir sonido y con la clara expresión como quien pregunta “¿Y qué?”. El oficial percibe la actitud y continúa: “Terminen esa pero no compren otra, ¿ok?”. Y continúan su lenta y tranquila caminata por entre medio de la juventud.

¿Qué está pasando en Córdoba? ¿Nadie puede mirar por encima de su propio ombligo para advertir que están marcando a la gente? ¿Por qué se estigmatiza a los pibes de esa manera? ¿Cuánta persecución más vamos a tolerar? ¿Cuál es la sociedad cordobesa que piensa estos modelos de estigmatización que la policía después aplica?
Si realmente sos de los que piensan que quien hace malabares en la esquina es un delincuente, abrí los ojos. Las mafias más grandes de nuestra provincia están relacionadas con el delasotismo. Es hora de que las cárceles se llenen con delincuentes, y no con aquellos que se parecen a uno, cuando De la Sota es quien dibuja el identikit que desparrama por sus medios de comunicación.